Como ya debes saber, muchas veces, el ojo nos engaña. Pero el ojo humano, va más allá. "La noche paulatina que invade la sala equivale a cerrar los ojos: entonces comienza en la pantalla, y en el hombre, la incursión por la noche de la inconsciencia", comentaba Luis Buñuel. El genio hipnotizador surrealista, disecciona la forma con la que la sociedad hipócrita se alimenta visualmente de un cautivador espectáculo. De niño, Luis iba la playa de San Sebastián y hacía agujeros en las casetas donde se desvestían las bañistas. Cuando una de ellas lo sorprendía, encajaba una aguja en el agujero: el precio de la mirada era una herida.
Esta película puede ser vista simplemente como una historia en el curso de la cual, el espectador puede saltarse escenas y no perderse. Puede considerarse como el borrador de un garabato, una errata o página en blanco. No he querido firmar una tregua, ni retratos, ni poemas, ni comedias, ni tragedias, y así sucesivamente. Yo quise describir un paisaje árido, frondoso, laberíntico, donde uno se pueda perder y encontrarse de nuevo perdido. Donde el artrezzo se disperse o se amontone en un imaginario, según los gustos. Accidental o fortuita, una historia de tratos y de trastos donde el espectador tropieza, salta, tensa su arco.