Regina Dörr es uno de esos turbadores personajes del arte contemporáneo al que nunca podremos clasificar. A lo largo de su vida, desarrolló un trabajo basado en la experiencia personal, conjugando una profunda investigación sobre las relaciones sociales con el planificado sistema institucional, siempre desde la exploración de sí misma, cosechando una serie de acciones de carácter efímero y cuestionando el modus operandi de las selectivas estructuras para la creación en el arte. En ese terreno de exploración personal que le llevó a los estados más calamitosos de abandono vital, se encuentran sobrecogedores estudios que profundizan en la significación intrínseca de la angustia y el dolor como valores singulares de belleza subjetiva.
Nació en Leipzig, Alemania, en el seno de una familia dividida. Inicialmente, sus esfuerzos como fisioterapeuta terminaron en una beca doctoral en Praga. En la mitad de este proyecto, decidió dar un giro a su carrera y su pericia teatral, adquirida desde la infancia, potenció el gusto por la pintura y la escultura. En conflicto durante años con varias instituciones y personalidades mediáticas, llega a Madrid para continuar su investigación y, tras un fortuito encuentro, decidimos aunar nuestros esfuerzos para un fin común: Colectivo Simulacro. Durante nuestro exilio en Argentina en el otoño de 1964, esquematizamos los prolegómenos de un estudio sobre la implicación del gobierno argentino en los manicomios. Decidimos explorar tan de cerca, que los riesgos a los que nos exponíamos no suponían traba alguna.
Regina entró de lleno en el manicomio y formó parte de un gran número de pacientes durante años. Sus interpretaciones no dejaron a nadie indiferente, tanto pacientes como doctores se involucraron en sus patologías, sin cuestionamientos sobre la veracidad de sus actos.
Pronto empezarían los diagnósticos y terapias, con diferentes y variopintos tratamientos, mientras Regina sorprendía de forma magistral a la vez que ponía en práctica sus propios esquemas de actuación.
La recopilación de este archivo documental evidencia estas y otras situaciones en un grotesco cuadrilátero psico-artístico donde la ambigüedad diagnostica.
Parafraseando a un antropólogo que sostuvo que el pez sólo podría darse cuenta que vive en el agua saliendo de ella, podría sostenerse que para percibir el carácter socialmente determinado de algunos rituales expresivos, es preciso tener acceso a los testimonios de prácticas históricas, sustancialmente distintas de las que vivimos cotidianamente.